Convivencia: lo básico que no debería fallar

Lanzar buenas intenciones al mundo no es física cuántica, es el arte invisible de no chocar con la burbuja del otro
¿Por qué algo tan básico no es tan básico para todos?

A veces uno cree que convivir con otras personas implica entendernos, coincidir o incluso llevarnos bien. Pero conforme pasa el tiempo, uno se da cuenta de que no hace falta tanto.😌

La convivencia real, la de todos los días; la que pasa en espacios compartidos, en oficinas, en casa, en el transporte, en lugares comunes, se sostiene en algo mucho más simple: el respeto básico.

No estamos hablando de
grandes valores ni de actos extraordinarios. Es algo mucho más sencillo y al mismo tiempo, más frágil de lo que parece.

Cosas como cerrar una puerta, tocar antes de entrar, pedir permiso, respetar lo que no es tuyo, respetar el espacio personal de alguien, comportarse mínimamente en sociedad, notar que no estás solo (y sí, tiene algo que ver con la conciencia, pero eso ya lo vimos en entradas anteriores).

Son detalles pequeños que casi nadie explica porque se asumen como obvios, pero pasa que en algún momento dejan de serlo.

Y es ahí donde me empiezo a preguntar:
¿Será que ya se olvidó el respeto básico?
¿La convivencia se está volviendo un mito o una leyenda?
¿Realmente existe?
¿Existimos nosotros o solo somos un producto o es simulación?😅 bueno, bueno regresando.

No es un desacuerdo de ideas ni una diferencia de opiniones, no es pensar “yo lo haría distinto”, sino más bien: “esto no debería estar pasando”. Hay situaciones que no necesitan interpretación, solo un poco de atención.

Por ejemplo, cuando alguien actúa como si fuera la única persona en el mundo, sin percibir a los demás ni su entorno… creo que es ahí donde se rompe lo más básico de la convivencia.

Y lo curioso es que muchas veces no hay mala intención, no es que alguien decida incomodar conscientemente (aunque, seamos honestos, a veces sí parece 🤭, pero vamos a dejar eso en el beneficio de la duda).

Más bien, es como si cada quien estuviera dentro de su propia burbuja. En su mundo. En lo suyo. Y nada más importa; hasta que algo les afecta a ellos y es ahí donse sí aparece la incomodidad. Ahí sí les molesta.

Entonces, al final, todo termina sintiéndose como una falta de respeto. Y en ese instante es donde entra el conflicto interno. Porque tampoco se trata de imponer una forma de ver las cosas. Uno sabe que no tiene la verdad absoluta, que cada quien interpreta el mundo a su manera.

Pero también hay algo que no depende de opiniones: la convivencia mínima que permite compartir el espacio sin incomodarnos todo el tiempo. Aprender a convivir no es lograr que todos piensen igual, es aceptar que no todos tienen el mismo nivel de conciencia y aun así encontrar una forma de no cargar con eso.

Al final, creo que el gran reto no es que alguien actúe sin considerar a los demás, sino todo lo que uno siente después o en el momento: El enojo, la frustración o incluso la impotencia de que la otra persona ni siquiera lo note. La convivencia básica no es perfecta ni constante, pero sigue siendo ese acuerdo invisible que hace posible compartir el mundo con otros aunque a veces falle, recordar que no estamos solos, eso, es lo que no hay que ovidar y quizá, eso se lo más esencial de todo.


Nota:
Esto no solo aplica a las personas. También al entorno: animales, objetos, espacios. Al final, todo convive con nosotros, todo es uno y uno es todo, y todo merece cierto nivel de respeto.

Y a todo esto, hay que recordar que cuando lo básico falla no solo se rompe todo, pero si se nota o ¿Usted que opina?

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