Cuando las palabras no coinciden con los hechos.
¿Por qué es tan fácil manipular a las personas?
En México, por desgracia, cada día nos enteramos de cosas peores. Muchos queremos creer que ciertas situaciones no pasan, o que nunca nos van a pasar a nosotros o a las personas que queremos. Sin embargo, cada vez se sienten más cerca.
Y cuando creemos que un caso grave será suficiente para que todos reflexionemos y nos unamos para evitar que vuelva a ocurrir una injusticia, muchas veces sucede lo contrario. Algunas personas se encierran en una burbuja para no darse cuenta de lo que ocurre o simplemente prefieren ya no enterarse de nada. Y eso también es válido; hay noticias tan duras que terminan agotándonos emocionalmente.
Retomando el tema, algo de lo que me he dado cuenta es que muchos de estos casos tienen un elemento en común: la manipulación o el llamado "lavado de cerebro".
Muchos queremos creer que eso sólo existe en las películas, las series, las sectas o en historias sobre charlatanes. Sin embargo, la realidad es que todos hemos estado expuestos, en mayor o menor medida, a personas que intentan influir en nosotros utilizando el encanto, la culpa, el miedo o las promesas.
Y esto es mucho más común de lo que pensamos.
Puede venir de un jefe, una pareja, un amigo, un familiar, de un socio, de alguien que acabamos de conocer o incluso de personas que seguimos en redes sociales.
Lo más preocupante es que casi nunca se presentan como una amenaza. Aunque también hay ocasiones en las que algo dentro de nosotros nos hace decir:
"Esa persona me da mala espina."
"No sé por qué, pero algo no me convence."
Siempre hay pequeños focos rojos que nos hacen cuestionar ciertas cosas, pero muchas veces los ignoramos porque creemos que estamos exagerando o porque la otra persona parece demasiado amable para ser peligrosa.
Estas personas suelen mostrarse muy carismáticas. Son extremadamente amables, aparentan ser muy comprensivas y constantemente intentan generar confianza.
Utilizan frases como:- "Somos una familia."
- "Aquí hay un excelente ambiente laboral."
- "Todos nos apoyamos."
Y una frase que siempre me ha parecido curiosa:
"Puedes confiar en mí."
Tal vez suene raro, pero a lo largo de mi vida pocas veces he escuchado esa frase de personas en las que realmente confío.
La confianza normalmente no se anuncia.
Se construye.
Va implícita en las acciones.
Por eso, cuando alguien insiste constantemente en que debes confiar en él, en confiar en situaciones al menos para mí, es un foco amarillo que merece ser observado con atención. El anuncio constante e insistencia es de mejor pensar con cabeza fría.
No porque automáticamente sea una mala persona, sino porque resulta extraño tener que recordarlo una y otra vez.
Otra característica común es que suelen endulzarte el oído.
Todo suena maravilloso.
Todo parece tener solución.
Todo parece demasiado perfecto.
Y algo que hacen muchos charlatanes es ofrecerte la solución definitiva a problemas que ni siquiera conocen en profundidad. Te prometen que su método, su producto, su forma de pensar o su ayuda será la respuesta a todo lo que te preocupa.
Para cerrar por ahora, siento que lo mejor es escucharnos un poquito más.
Si algo no cuadra, mejor esperar tantito y cuestionarnos las cosas. Muchas veces, cuando alguien te insiste e insiste e insiste, o todo parece demasiado perfecto, es buena idea dar un paso atrás y pensar con la cabeza fría.
Obviamente depende de cada situación, pero yo tengo una regla muy simple: ante la duda, mejor detenerse un momento.
No se dejen manipular. Confíen en ustedes mismos, hagan preguntas, observen y no tengan miedo de decir "no" cuando algo simplemente no les convence.
A veces, escucharnos a nosotros mismos puede evitar más problemas de los que imaginamos.
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